lun. Sep 26th, 2022
Según el lógico- filósofo Charles Peirce, un signo es algo que está para alguien en lugar de otra cosa en algún aspecto o carácter. Como vemos no hay nada que lleve a "algo" a ser un signo. Cualquier cosa puede serlo, siempre que se establezca la relación "está para alguien en lugar de otra cosa". El signo es, entonces, el proceso de semiosis entre el signo y las personas.

LA REPRESIÓN POLICIAL INTENTA ERRADICAR EL APOYO DEL PUEBLO AL SIGNO QUE REPRESENTA A LAS CLASES POPULARES: CRISTINA FERNÁNDEZ DE kIRCHNER

UN SIGNO IMPOSIBLE DE BORAR

EL LUGAR DEL SIGNO

Según el lógico- filósofo Charles Peirce, un signo es algo que está para alguien en lugar de otra cosa en algún aspecto o carácter. Como vemos no hay nada que lleve a “algo” a ser un signo. Cualquier cosa puede serlo, siempre que se establezca la relación “está para alguien en lugar de otra cosa”. El signo es, entonces, el proceso de semiosis entre el signo y las personas.

Para el pueblo argentino, Cristina ocupa ese lugar por excelencia. Tanto para quienes la quieren cómo para quienes la odian, ella imprime en el cerebro y el corazón de las personas la representación de liderazgo absoluto que la diferencia de cualquier otro líder en el mundo de la política.

La semiosis que produce Cristina en la relación existencial con el interpretante posee las tres cualidades que, según Peirce, la transforma en ícono, índice y símbolo a la vez, es decir, se produce un proceso que implica tres factores: lo que actúa como signo (Cristina); aquello a lo que el signo alude (poder); y la interpretación que de esta relación hace un intérprete (líder progresista amada o líder de asociación ilícita odiada).

El sábado a la noche, Cristina demostró ser el signo vital de los manifestantes que acudieron en su apoyo para contrarrestar el signo de la conspiración política- mediático- judicial iniciada en la década pasada para licuar la democracia.

El intento de los fiscales  y del poder concentrado para eliminar el signo del progresismo latinoamericano sirvió para reinstalar a Cristina cómo la gran ordenadora de la política argentina y para que el peronismo volviera a recuperar la calle como territorio fundacional.

El haber reinstalado nuevamente la épica peronista en la comunicación intrínseca entre representamen- objeto- interpretante que forma el signo Cristina, implica  un verdadero referente que el pueblo interpreta  como representante de los valores de libertad, independencia y justicia que debe ser defendida hasta las últimas consecuencias.

EL SIGNO DEL PUEBLO

El signo Cristina es aquel que permite la comunicación en estado puro de una sociedad fragmentada por la colonización del sujeto a través de los medios de comunicación.

Así como es el mismo que utiliza  la lengua de las clases populares para comunicarse, para compartir valores y experiencias o para aferrarse al sentido de pertenencia, también lo es el de la oposición para darle sentido a una filosofía nacida en 1955 cuyo odio al peronismo le permite, a través de la violencia comunicarse entre sí.

Según que la relación del signo con su objeto consista en que dicho signo tenga algún carácter en sí mismo, ya sea en alguna relación existencial con ese objeto o en su relación con un interpretante, Cristina tiene la virtud de acaparar las tres cualidades semiológicas:

Es un ícono: Cuando hacemos el ejercicio de pensar rápidamente en una presidenta por excelencia, con todas las cualidades que ello requiere, lo primero que se nos viene a la mente es Cristina,  de la misma manera que cuando pensamos en gaseosa decimos Coca Cola.

Cristina es un verdadero mapa en donde puede verse con exactitud el territorio del estadista por naturaleza, la versión femenina de “animal político”.

Es un índice: De la misma manera que el humo indica que aparecerá fuego, cuando ella aparece en escena siempre hay alguna consecuencia en la superestructura política, económica y social, como una causa-efecto que pone en movimiento la pasividad del estado de las cosas.      

Es un símbolo: El símbolo es un signo consciente, arbitrario y convencional que tiene carácter de colectivo y social (es polisémico).  Cristina es un símbolo de adoración para muchos y para algunos es el anticristo.

Ella representa el amor recíproco con el pueblo peronista  y el autoritarismo para otros; el modelo deseable de mujer, inteligente, audaz, independiente, o la yegua manipuladora y sin escrúpulos que se robó varios PBI.

Si el establishment con el partido judicial pretende forzar el significante del signo Cristina para erradicar definitivamente el progresismo de estas tierras, deberá utilizar algo más que la estrategia de la represión policial o la agresión a Máximo Kirchner.

Deberá borrar de la memoria los únicos dos períodos en la historia en que el pueblo argentino conoció la dignidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social.

Y eso, semiológicamente es imposible.

Alfredo Di Masetto

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