mar. Feb 7th, 2023
Cuenta la leyenda que un hombre llamado Don Francisco de Orellana y Zurita se quedó en las islas de las Antillas, no por voluntad propia, sino porque no logró llegar a tiempo a la presurosa partida de la comitiva real con 11.960 kilos de plata y 1.326.500 pesos de oro, obtenidos del engaño al jefe de la tribu.

A PESAR DE CONTAR CON EL APOYO DE LAS BASES Y DE LAS CLASES POPULARES, ALBERTO SUEÑA CON SER APROBADO POR EL ESTABLISHMENT

HOMBRE MIRANDO HACIA EL ESTABLISHMENT

LA ADVERSIDAD DEL HOMBRE

Cuenta la leyenda que un hombre llamado Don Francisco de Orellana y Zurita se quedó en las islas de las Antillas, no por voluntad propia, sino porque no logró llegar a tiempo a la presurosa partida de la comitiva real con 11.960 kilos de plata y 1.326.500 pesos de oro, obtenidos del engaño al jefe de la tribu.

Asumida esta fatalidad, Don Francisco tuvo la suerte de que los caribes y los tainos lo aceptaran como uno más, pues  éste había salvado de la hoguera al hijo del cacique dado que no comulgaba con la crueldad de sus compatriotas españoles.

A pesar que nunca le faltó comida, sexo, adulaciones y ser venerado como “el enviado de los dioses”, su pulsión estaba en el deseo de volver a la civilización, lejos de la barbarie, cerca de la nobleza y de las caricias de mujeres de piel blanca como el marfil.

Don Francisco miraba todo el tiempo hacia España, pero tuvo que conformarse con vivir en una aldea precaria, rodeado de una colectividad que lo amaba y respetaba como a nadie en el mundo, pero que él, en cierta manera, despreciaba pérfidamente.   

La ejecución de Hatuey. Augusto G. Menocal, No quiero ir al cielo, 1930

Cuando Cristina unge a Alberto Fernández como vicepresidente y luego cómo presidente, la mayoría de los argentinos le brinda su apoyo incondicional, no sólo con el voto, sino a través de la batalla cultural, la militancia y el respaldo ante la adversidad de los ataques mediáticos y judiciales.

Pero a Alberto no le interesa,  al igual que Don Francisco, el amor y el apoyo del pueblo que lo votó, sino que sólo sueña y aspira ser aceptado por el establishment, sector al que le demuestra día a día su sometimiento categórico.

Alberto no va a la manifestación por el Día de la Lealtad, pero va al coloquio de IDEA.

Alberto intenta seducir al círculo rojo y al monopolio mediático con un ministro de economía amigo del poder, pero ya es tarde, porque el establishment se recuesta cada vez más hacia la ultra derecha, al punto tal que las medidas tomadas por Sergio Massa parecen de izquierda.

En nuestro país el peronismo y el kirchnerismo, al igual que todo lo que represente a las clases populares son la barbarie que detesta el Alberto- Don Francisco, a pesar de haber recibido de ellas el impulso que lo puso en la presidencia,  mientras desoja margaritas añorando la roncería  dadivosa del poder económico nacional y extranjero, que lo desprecia por su pertenencia al peronismo.

EL HOMBRE QUE MIRABA

Pero a diferencia de aquel hombre conquistador, que dialogaba con los “salvajes”, Alberto rompió el diálogo con Cristina y por ende con la propia base peronista , supeditando el manejo de la economía y la caída del salario real del pueblo al sainete político del me hablo-no me hablo.

La política debe darle señales a la economía para luchar contra la inflación, pero si quienes manejan la política están fuera de eje, por reflejo, esto se manifestará en toda la estructura económica.

Gracias al triunfo de la cultura neoliberal, para amplios segmentos importantes de las clases medias e incluso de las bajas el cabecita negra, los piqueteros, los planeros  y las clases populares son la constatación de la barbarie, representadas hoy por el cristinismo, mientras que la derecha y los libertarios representan la pulsión de cambio para llegar al destino de grandeza de la Argentina.

Si no se revierte la situación de que gran parte de la población está al límite de la línea de pobreza aun teniendo trabajo formal y se continúa aceptando la teoría del derrame  con el slogan “Ceder para Crecer” acuñado por IDEA, no nos estaríamos dando cuenta que el capital y la fuerza de trabajo no son iguales.

En esta confusión, quienes no se sientan interpretados por el gobierno actual, pueden llegar a movilizarse para protestar contra la actual conducción, e incluso dejarle de brindar su apoyo en las próximas elecciones.

El resultado está a la vista: El hombre que añoraba el amor de los grupos concentrados de la economía mientras era apoyado por las clases populares sufrirá un desaire que lo alejará, quizá para siempre, de la polítca.

Será el propio pueblo argentino, que votando a sus propios verdugos, limpiará para siempre de la memoria colectiva la posibilidad de haber tenido un líder dentro del peronismo que, teniendo la posibilidad de cambiarlo todo apoyado por el voto mayoritario, desperdició esa posibilidad mirando todo el tiempo hacia el establishment.

Alejandro Lamaisón

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