lun. Sep 26th, 2022
Si se pretende que la oposición o que los medios de comunicación monopólicos se expresen en contra del discurso del odio, estamos leyendo mal la historia argentina desde 1955 a la fecha.

ANTE EL VACÍO DE CONTENIDO DEL DISCURSO DE LA OPOSICIÓN, EL LUGAR DEL ARGUMENTO ES LA PULSIÓN DE MUERTE Y EL ODIO COMO SU VEHÍCULO.

LA OPOSICIÓN COMO ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA

EL DISCURSO DE LA OPOSICIÓN

Si se pretende que la oposición o que los medios de comunicación monopólicos se expresen en contra del discurso del odio, estamos leyendo mal la historia argentina desde 1955 a la fecha.

La derecha liberal se nutre del odio. Es el oxígeno que le da la vida, la fuerza y el impulso tanático necesario para eliminar al adversario, utilizando cualquier medio que este a su alcance y adaptándose siempre a los designios del imperialismo extranjero.

La oposición al peronismo es el “viva el cáncer”, es la teoría de los dos demonios, es el trabajador que enloquecido por la inflación y las Fake News, protesta frente a la plaza de mayo con un cartel que dice: “muerte a Cristina”

Si a la oposición se le priva de esparcir el odio en el imaginario social se queda sin argumentos, ya que su discurso vacío de contenido y propuestas debe ser reemplazado constantemente por la razón del enemigo interior, personificado en la figura de Cristina.

La incorporación de la ultraderecha para llevar la libertad de mercado a su máxima expresión se caracteriza por haber abandonado la lógica del discurso político y la argumentación, además de no tener ninguna relación con la ética.

Esta nueva derecha ultraliberal podría considerarse la etapa superadora del neoliberalismo ya que ha conseguido atrofiar la memoria de tal manera que la gente no pueda leer ni siquiera lo que ha sucedido apenas hace cuatro años atrás.

Esto les ha abierto un campo de acción a tal punto que ya no necesitan maquillar lo que van a hacer; simplemente lo dicen a boca de jarro en sus campañas ya que tienen la seguridad de que van a ser votados por una vasta fracción de la sociedad que odia a Cristina, incluso por algunos segmentos de los sectores populares.

Cuando los medios hegemónicos intentan instaurar en la sociedad la imagen de que Sabat Montiel sufre de “ideas de tipo delirante” y “relato confuso” y que la banda de los copitos es un grupete de chicos con problemas psicológicos, lo hacen en pos de disimular su poder de penetración capilar.

Se sabe que, con el paso de los días y el avance de la pesquisa, los investigadores descubrieron que “los copitos” podrían tener alguna relación con la preparación del ataque fallido contra la Vicepresidenta, hipótesis que parece haberse robustecido a partir del análisis de sus comunicaciones.

En tal sentido, ellos saben que el discurso del odio que propagan los responsabiliza seriamente en el intento de magnicidio, pero la impunidad que les otorga el hecho de esgrimir siempre la famosa libertad de prensa, sumada a la protección inmoral que reciben del poder judicial corrompido, les habilita a continuar con el Law Fare y las Fake News.

Según el psicólogo Jorge Alemán “Un representante puro del neoliberalismo ya no puede ni debe pronunciar la palabra política, la misma remitiría inevitablemente a otras palabras que terminarían por revelar el proyecto político en toda su crudeza destructiva. Hasta nueva orden para el neoliberalismo la palabra política debe permanecer en su grado cero.

UNA OPOSICIÓN SIN LÍMITES

Si hasta ahora la oposición política podía mentir tanto en sus campañas como en sus debates parlamentarios con un descaro ilimitado, ahora el discurso de la derecha argentina debe mantenerse con otra exigencia: vaciar de significación política a todos los enunciados de la campaña, hablar sin decir nada y, a la vez, para que ese discurso no se disperse en la nada, mantener la constante del odio.

La actitud tanática neoliberal confronta siempre con cualquier tipo de proyecto político emancipador, dado que éste último siempre remite a la aspiración de mejorar la calidad de vida de las mayorías, debiéndose reinventar permanentemente.

“En cambio, el neoliberalismo busca realizar la pulsión de odio que le da la forma a una existencia desconfiada, donde la pasión está puesta en que la vida sea sólo la cancelación de la verdad”, dice Alemán.

Estamos en un período histórico de la civilización en donde hay millones de personas que, enojadas y desconcertadas por las consecuencias económicas y sociales de la pandemia, votan en contra de ellas mismas.    

Ni siquiera la “misa por la paz y la fraternidad” convocada por monseñor Scheinigem en Luján sirvió para mitigar el odio que destila una oposición que, ante la falta de propuestas sólidas en la política prefieren la confrontación, incluso hasta en ámbito de lo espiritual y simbólico.

Tal fue el desprecio por la homilía para que nunca más la violencia se instale entre nosotros y ponga en peligro la convivencia democrática, que el mismo obispo tuvo que pronunciar palabras al respecto:

“La novedad es animarse a abrazar al otro desde las entrañas, perdonarlos de corazón, empezar de nuevo todas las veces que haga falta, romper la cadena del odio y apostar a salvarnos todos”

Mientras tanto, haciendo oídos sordos de estas palabras,  el ejército de odiadores seriales del periodismo opositor y sectores cuya experiencia ha sido atrofiada por la infocracia reinante, anticipan para los próximos meses una guerra devastadora cuyo frente político, mediático y judicial tendrán la fuerza del odio como arma de destrucción masiva.

Y todos sabemos que cuando dicha arma se detone, sólo unos pocos serán los vencedores.

Alejandro Lamaisón

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