mar. Feb 7th, 2023
De acuerdo al juego de los abalorios, en un mundo que tiende a lo distópico, podemos preguntarnos: ¿Cómo no va a ganar Argentina el mundial de Qatar si tiene a Dios de su lado? ¿Cómo no va a ganar las elecciones Juntos por el Cambio si tiene a la Justicia de su lado?

CUANDO EL PARTIDO JUDICIAL TIENE LA MAYORÍA DE LAS LENTEJUELAS DE LOS ABALORIOS, NO HAY GOBIERNO QUE SE LE RESISTA.

EL JUEGO DE LOS ABALORIOS

SUMA Y RESTA DE ABALORIOS

De acuerdo al juego de los abalorios, en un mundo que tiende a lo distópico, podemos preguntarnos: ¿Cómo no va a ganar Argentina el mundial de Qatar si tiene a Dios de su lado? ¿Cómo no va a ganar las elecciones Juntos por el Cambio si tiene a la Justicia de su lado?

Luego de haber recobrado las esperanzas la militancia después de las declaraciones de Cristina, se concrete o no el lanzamiento de su candidatura, esto la pone frente a un partido judicial que la quiere presa o muerta.

Vivimos un golpe de estado en la modalidad que tiene la nueva fase del neoliberalismo en casi toda américa latina: orientar la subjetividad de la población mediante dispositivos superestructurales.

Ya no el golpe clásico con los militares en la calle sino, como lo describe el juez Rozansky, “a través de una guerra judicial y mediática para llevar adelante el saqueo económico y fuga de capitales a paraísos fiscales. Es el mismo desfalco que en dictadura se concretó con secuestro, tortura, desaparición y muerte”.

Hoy, la reapertura de causas como la firma del Memorándum con Irán, Hotesur- Los Sauces y Dólar Futuro reflota burdamente la campaña de desprestigio que opera desde el partido judicial, en detrimento de la investigación del intento de magnicidio.

Este cinismo institucional pone sin duda en tela de juicio las bases mismas de los valores fundacionales de la nación, porque si no se quiere investigar el atentado a Cristina, es porque el pacto mínimo de lazo social o la condición mínima del estado de derecho que establece que no nos vamos a matar los unos a los otros, no se puede cumplir.

Esta democracia cooptada por el partido judicial hace inviable a la nación misma, porque una cosa es que haya antagonismos, conflictos de intereses o que no se pueda pactar el mismo proyecto de país, pero otra cosa es que no se cumpla el pacto supremo de que no nos mataremos entre nosotros.

La situación es tan depravada que muchos de los argentinos han optado por renegar de la política y los políticos, dada la impotencia de un poder ejecutivo incapaz de ponerle freno a nada, preocupado solamente en sumar abalorios para llegar al 2023.

Ni a los medios cuyo poder otorgado por un decreto de Macri, relativizan todo,  ni a los periodistas mercenarios que banalizan la tragedia nacional ni a la corte judicial, también integrada con jueces colocados por Macri, dueña y señora de nuestras vidas.

MÁS ABALORIOS PARA LA DERECHA

En este juego de abalorios, se multiplican las operaciones mediático- judiciales, no solo para invalidarla a Cristina políticamente, sino también para producir el efecto Lula, es decir, una vez que te condena la justicia hay un segmento importante de la población que termina legitimando la condena, aunque después se demuestre la falsedad de la misma.

En este sentido, la operación subjetiva de manipulación del sentido está en la certeza de que es muy difícil que el pueblo descubra que la ley diga algo arbitrario; he aquí donde la derecha sabe con qué elementos juega, porque la ley es la ley y eso, nadie lo discute.

Precisamente, desentrañar la relación entre la ley y los grupos de poder no sólo es difícil para los intelectuales que estudian a la sociedad, sino que es imposible de descifrar para la mayoría de la población, dado su carácter elitista y corporativista.

Si no se resuelve esto a la brevedad, se complicará la convivencia pacífica entre los argentinos que sólo quieren vivir dentro de un sistema democrático, representativo y republicano.

Es cierto que hay urgencias económicas gravísimas (inflación, dólar, etcétera), pero si se pasa por alto un intento de magnicidio, el pacto social estará definitivamente roto y el país se transformará en un sálvese quien pueda, en “un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y de furia”.

Mientras tanto, Milei y Espert suman abalorios porque hay ruido y furia, porque hay desintegración social, porque no hay un proyecto de vida para los jóvenes que escuchan con interés cómo las ultraderechas, que llevan todas las relaciones humanas a la relación costo-beneficio, les proponen un mundo diferente.

¡La imaginación al poder!, no bajo la proclama pueril del mayo francés o del romanticismo de la revolución de los claveles, sino la posibilidad concreta de traspasar todos los límites, hasta la de vender un hijo o un brazo si a uno le conviene.

La proclama de base del nuevo neoliberalismo es que nada es imposible.

En definitiva, un proyecto de vida de realización personal, en una sociedad de todos contra todos del que sólo sacarán ganancia las bestias.

Alejandro Lamaisón

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